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Inicio de la producción en masa y mecanización. Los productos empiezan a ser más accesibles y aumenta el consumo en ciudades.
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Con la producción en masa surge la necesidad de convencer a los consumidores. Aparecen los primeros anuncios impresos y carteles.
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La producción en serie reduce tiempos y precios del automóvil. Se masifica el acceso a bienes duraderos.
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Radio, cine y revistas crean estilos de vida aspiracionales. Las compras “a plazos” y el crédito impulsan el consumo más allá del ingreso inmediato. Comprar ya no es solo necesidad: también es placer y modernidad.
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Boom económico, suburbanización y electrodomésticos en el hogar. La televisión instala la publicidad constante y el ideal del confort.
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Nacen las tarjetas de uso general que facilitan el pago diferido. El crédito cotidiano se vuelve parte del hábito de compra.
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Expansión de centros comerciales y cadenas internacionales. La marca se vuelve símbolo de identidad y estatus.
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Cadena “rápida” de diseño–producción–venta reduce tiempos y precios. Aumenta la rotación de tendencias y el consumo de prendas descartables.
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Internet inaugura la compra online (Amazon, eBay). Aparecen carritos digitales, pagos remotos y logística a domicilio.
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Con el iPhone se dispara la compra desde el teléfono. Apps y notificaciones llevan la tienda al bolsillo 24/7.
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Instagram, YouTube y TikTok crean marketing aspiracional en tiempo real. El “haul” y los enlaces de compra aceleran la decisión.
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Suscripciones, “comprar con un clic” y delivery en horas reducen la fricción y aumentan la frecuencia de compra.
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Crecen segunda mano, reparación y reciclaje frente al impacto ambiental y social del hiperconsumo. Tensión entre deseo y sostenibilidad.