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Octavio Augusto (27 a.C.), quien instauró la Pax Augusta, trayendo estabilidad, prosperidad económica y grandes obras públicas. Tras él gobernaron Tiberio (14-37 d.C.), quien fortaleció el ejército y la guardia pretoriana; Calígula (37-41 d.C.), recordado por su locura y crueldad; Claudio (41-54 d.C.), que expandió el Imperio anexando Britania y Tracia; y Nerón (54-68 d.C.), cuyo mandato estuvo marcado por excesos, el incendio de Roma y persecuciones a los cristianos. -
Tras un año de caos con cuatro emperadores, Vespasiano (69-79) restableció la estabilidad y las relaciones con el Senado, seguido por su hijo Tito (79-81), famoso por la destrucción de Jerusalén, y Domiciano (81-96), cuyo gobierno terminó con su asesinato debido a su tiranía. Esta dinastía consolidó la autoridad imperial después de la inestabilidad. -
Con Nerva (96-98) se instauró la práctica de emperadores adoptivos, buscando sucesiones estables. Trajano (98-117) expandió al máximo el Imperio hacia Dacia, Armenia y Mesopotamia; Adriano (117-138) defendió fronteras y organizó la administración; Antonino Pío (138-161) mantuvo la paz interna; Marco Aurelio (161-180) destacó por su filosofía y liderazgo en guerras; y Cómodo (180-192) trajo el inicio de la decadencia por su desinterés y megalomanía. -
Septimio Severo (193-211) intentó estabilizar el Imperio y reforzar fronteras, seguido por sus hijos y sucesores, como Caracalla, que otorgó la ciudadanía a todos los habitantes libres del Imperio (212). Durante este periodo, las luchas internas y asesinatos de emperadores marcaron un creciente caos militar. -
Tras Alejandro Severo, el Imperio sufrió la anarquía militar, con más de veinte emperadores que fueron designados y derrocados por los soldados. La autoridad central se debilitó, y el Imperio estuvo al borde de la disolución. -
Diocleciano instauró el Dominatus, un despotismo militarizado, y creó la Tetrarquía (285), dividiendo el Imperio en cuatro gobernantes para mejorar la administración y defensa. Reforzó fronteras, reformó impuestos y persecuciones cristianas. Tras 20 años, abandonó el poder dejando un sistema inestable que se rompió rápidamente. -
Constantino I unificó el Imperio tras derrotar a Licinio y promulgó el Edicto de Milán (313), garantizando la libertad religiosa a los cristianos. Fundó Constantinopla (330) como nueva capital y consolidó la transición hacia un Imperio cristiano. -
Tras Teodosio I (388-395), el Imperio se dividió entre sus hijos: Arcadio en Oriente y Honorio en Occidente. Occidente sufrió invasiones bárbaras (Alarico, Atila, Genserico), saqueos y pérdida de autoridad imperial, culminando en 476, con la deposición de Rómulo Augústulo por Odoacro, marcando el fin del Imperio Romano de Occidente. -
El Imperio de Oriente continuó como Imperio Bizantino, con lengua griega y cultura romana. Justiniano I (527-565) destacó por codificar leyes y construir la Hagia Sophia. Finalmente, 1453, Constantinopla cayó ante los turcos otomanos, marcando el fin de la civilización bizantina y el inicio de una nueva era.