Las dinastias

  • Dinastía Julio-Claudia (27 a.C.–68 d.C.)
    27 BCE

    Dinastía Julio-Claudia (27 a.C.–68 d.C.)

    Octavio Augusto (27 a.C.), quien instauró la Pax Augusta, trayendo estabilidad, prosperidad económica y grandes obras públicas. Tras él gobernaron Tiberio (14-37 d.C.), quien fortaleció el ejército y la guardia pretoriana; Calígula (37-41 d.C.), recordado por su locura y crueldad; Claudio (41-54 d.C.), que expandió el Imperio anexando Britania y Tracia; y Nerón (54-68 d.C.), cuyo mandato estuvo marcado por excesos, el incendio de Roma y persecuciones a los cristianos.
  • Dinastía Flavia (69–96 d.C.)
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    Dinastía Flavia (69–96 d.C.)

    Tras un año de caos con cuatro emperadores, Vespasiano (69-79) restableció la estabilidad y las relaciones con el Senado, seguido por su hijo Tito (79-81), famoso por la destrucción de Jerusalén, y Domiciano (81-96), cuyo gobierno terminó con su asesinato debido a su tiranía. Esta dinastía consolidó la autoridad imperial después de la inestabilidad.
  • Dinastía Antonina (96–192 d.C.)
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    Dinastía Antonina (96–192 d.C.)

    Con Nerva (96-98) se instauró la práctica de emperadores adoptivos, buscando sucesiones estables. Trajano (98-117) expandió al máximo el Imperio hacia Dacia, Armenia y Mesopotamia; Adriano (117-138) defendió fronteras y organizó la administración; Antonino Pío (138-161) mantuvo la paz interna; Marco Aurelio (161-180) destacó por su filosofía y liderazgo en guerras; y Cómodo (180-192) trajo el inicio de la decadencia por su desinterés y megalomanía.
  • Dinastía Severa (193–235 d.C.)
    193

    Dinastía Severa (193–235 d.C.)

    Septimio Severo (193-211) intentó estabilizar el Imperio y reforzar fronteras, seguido por sus hijos y sucesores, como Caracalla, que otorgó la ciudadanía a todos los habitantes libres del Imperio (212). Durante este periodo, las luchas internas y asesinatos de emperadores marcaron un creciente caos militar.
  • Crisis del siglo III (235–284 d.C.)
    235

    Crisis del siglo III (235–284 d.C.)

    Tras Alejandro Severo, el Imperio sufrió la anarquía militar, con más de veinte emperadores que fueron designados y derrocados por los soldados. La autoridad central se debilitó, y el Imperio estuvo al borde de la disolución.
  • Diocleciano y la Tetrarquía (284–305 d.C.)
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    Diocleciano y la Tetrarquía (284–305 d.C.)

    Diocleciano instauró el Dominatus, un despotismo militarizado, y creó la Tetrarquía (285), dividiendo el Imperio en cuatro gobernantes para mejorar la administración y defensa. Reforzó fronteras, reformó impuestos y persecuciones cristianas. Tras 20 años, abandonó el poder dejando un sistema inestable que se rompió rápidamente.
  • Constantino I y Cristianización (306–337 d.C.)
    306

    Constantino I y Cristianización (306–337 d.C.)

    Constantino I unificó el Imperio tras derrotar a Licinio y promulgó el Edicto de Milán (313), garantizando la libertad religiosa a los cristianos. Fundó Constantinopla (330) como nueva capital y consolidó la transición hacia un Imperio cristiano.
  • División del Imperio y caída de Occidente (395–476 d.C.)
    395

    División del Imperio y caída de Occidente (395–476 d.C.)

    Tras Teodosio I (388-395), el Imperio se dividió entre sus hijos: Arcadio en Oriente y Honorio en Occidente. Occidente sufrió invasiones bárbaras (Alarico, Atila, Genserico), saqueos y pérdida de autoridad imperial, culminando en 476, con la deposición de Rómulo Augústulo por Odoacro, marcando el fin del Imperio Romano de Occidente.
  • Imperio Bizantino (Oriente) (395–1453 d.C.)
    395

    Imperio Bizantino (Oriente) (395–1453 d.C.)

    El Imperio de Oriente continuó como Imperio Bizantino, con lengua griega y cultura romana. Justiniano I (527-565) destacó por codificar leyes y construir la Hagia Sophia. Finalmente, 1453, Constantinopla cayó ante los turcos otomanos, marcando el fin de la civilización bizantina y el inicio de una nueva era.