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En los primeros dos años de vida (0 a 2 años), nuestro cerebro cambia mucho. Se crean muchas conexiones entre neuronas (sinapsis) y empieza a cubrirse de mielina las zonas del cerebro que se encargan de los sentidos y el movimiento. Aquí, lo importante es la atención que no es a propósito y la memoria que no es consciente. También empezamos a hablar con sonidos y gestos, lo cual depende mucho de si nos estimulan y de si tenemos un buen lazo con quienes nos cuidan (Stamm, 2018). -
Entre los 3 y 6 años, el cerebro empieza a especializarse: se desarrollan las áreas del lenguaje y empieza a madurar la parte frontal, que nos ayuda a pensar antes de actuar. Según Adrián Serrano (2008) y Stamm (2018), aquí es cuando los niños aprenden a hablar bien, a recordar cosas conscientemente y a empezar a controlar sus actos, relacionando lo nuevo con lo que ya sabían. Si hay problemas en esta etapa, como retrasos en el habla o falta de control, no siempre significa que hay algo malo. -
Entre los 7 y los 11 años, se cubre de mielina las conexiones del cerebro, y se hace más fuerte la parte frontal, lo que ayuda a pensar mejor. Aquí se hace más fuerte la atención, el pensamiento lógico, la memoria a corto plazo y las habilidades para aprender a aprender. Esto es clave para el colegio (Adrián Serrano, 2008). Pero a veces hay problemas para aprender o para prestar atención, y es importante darse cuenta e intervenir en la educación (Toro Trallero Ezpeleta, 2014). -
De acuerdo con Toro Trallero Ezpeleta (2014) en la adolescencia, el cerebro cambia mucho otra vez: se eliminan conexiones que no se usan y madura la parte frontal, que es la que nos ayuda a tomar decisiones. Esto explica por qué a veces los adolescentes tienen problemas para controlar sus emociones y decidir bien, y también por qué aparecen o siguen algunos trastornos y problemas emocionales. -
Durante la adultez temprana se alcanza la maduración completa de las funciones ejecutivas, como la planificación, el control inhibitorio, la toma de decisiones y la autorregulación. Esto se debe a que la parte frontal del cerebro termina de madurar (Adrián Serrano, 2008; Toro Trallero Ezpeleta, 2014).
En esta etapa se evidencia una integración cognitiva, emocional y social, que permite un funcionamiento más eficiente y adaptativo del individuo (Adrián Serrano, 2008; Stamm, 2018). -
Adrián Serrano, J. E. (2008). El desarrollo psicológico infantil: Áreas y procesos fundamentales. Universitat Jaume I. Servei de Comunicació i Publicacions.
Stamm, J. (2018). Neurociencia infantil: El desarrollo de la mente y el poder del cerebro de 0 a 6 años. Narcea Ediciones.
Toro Trallero, J., Ezpeleta, L. (2014). Psicopatología del desarrollo. Difusora Larousse; Ediciones Pirámide.