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Veinte huellas dactilares

  • Creación

    Pasé de ser un manojo de hilos y telas a un cachorro hecho y derecho.
  • Period: to

    Primera generación

    Mi primera cuidadora, desde que ella tenía 10 años hasta que unas nuevas manitas me adoptaron.
  • Identidad

    Identidad

    No dio ni dos pasos al llegar al parque cuando me alzó al aire para contemplarme en detalle.
    "Txakurtxu, así se va a llamar", decidió Maribel.
  • Hilos nuevos

    Hilos nuevos

    El primer recuerdo que poseo es la aglomeración de una tienda. Estábamos en el 79 y la campanilla resonaba sobre la puerta cada vez que un niño entraba. Pude distinguir cientos de colores diferentes en unas pupilas que no me escogían, hasta que llegó el marrón café que seguiría viendo durante muchos años: los ojos de una niña llamada Maribel. Cumplía 10 años y yo era su regalo, excepto porque ella fue el mío.
  • Hacerse mayor

    La primera vez que me rompieron el núcleo de algodón siempre quedará guardada entre los hilos de mi mente. Maribel le dijo a Anti, su madre, que ya no quería dormir conmigo porque había dejado de ser una niña. Me guardó en el armario y pasé la noche sumido en una oscuridad devastadora, casi igual a la que se expandía a través de mí cada vez que recordaba sus palabras.
  • Tres días de confusión

    Nunca tres días se me han hecho tan largos. Pasaron más lentos que un agosto en pleno Madrid, sin embargo, cuando aprecié cómo las lágrimas emborronaban los ojos de mi amiga y escuché la manera en la que su voz se quebró al pronunciar un "lo siento", la pesadumbre dio pasó a la lealtad mutua y supe que a partir de ese momento no volvería a sentirme abandonado.
  • En pausa

    Cuando ya llevaba varios años viendo frecuentemente a Iñaki, la pareja de Maribel, ambos metieron toda la vida de mi amiga en muchas cajas. La claustrofobia se apoderó de mí al pensar que ese era también mi destino, pero el cartón no se cernió sobre mí en ningún momento.
    Trasladaron las cosas a una nueva casa en la que no vivían los hermanos de Maribel, una mucho más grande y con un Rottweiler llamado Hortz. Lo llamaban "caserío".
    Ese fue mi hogar hasta mucho, mucho tiempo después.
  • Period: to

    Segunda generación

    Los objetos dejan de ser meras piezas prescindibles cuando pasan a significar algo, cuando la carga emocional que conllevan consigue que despegarse de ellos sea como quitarse un chicle del pelo.
    Tal vez por eso Maribel conservó durante años a Txakutxu. Es probable que buscase la perdurabilidad de esa emoción en el vínculo con su primera y única hija en aquel hospital, cuando el peluche cambió de dueña.
  • Primeras veces

    Algo que no había presenciado con mi antigua compañera eran sus primeras veces: los primeros pasos, la primera palabra, la primera risa, la primera noche sin dormir (y consecutivas)... Con mi nueva amiga, Irantzu, viví eso y mucho más. Fue como ver brotar una flor.
  • Sin viaje de vuelta

    Sin viaje de vuelta

    No me despegaba de ella. Daba igual adónde fuéramos, siempre íbamos juntos. Y así fue cuando viajamos a Tenerife.
    Podría decir que fue un viaje memorable, y no estaría mintiendo, pero lo que realmente nos marcó fue la vuelta.
    Mi mente se nubla cada vez que trato de recuperar los recuerdos de ese día, lo único que sigue latente es el pavor que sentí al verme en soledad en el aeropuerto y el alivio cuando Irantzu me rescató entre sollozos horas después. "Vamos a casa".
  • Y vivieron felices para siempre

    Podría contar todos los pasajes que vivimos juntas de ahí en adelante, pero tardaría demasiado y ya es la hora de dormir, tengo que volver al trabajo (aportar dulces sueños). Por tanto, lo dejaré a la imaginación del lector, pero puedo asegurar una cosa: fui, soy y seré muy feliz a su lado, hasta que me toque serlo con su hija o hijo.