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Publica el primer estudio sobre niños con dificultades en la comunicación, interacción social y conductas repetitivas. Llama a este cuadro “autismo infantil temprano”.
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Describe un grupo de niños con características similares, pero con lenguaje y habilidades cognitivas preservadas → más tarde se llamará síndrome de Asperger.
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Se abandona la teoría de las “madres nevera” (frialdad materna como causa). El autismo empieza a entenderse como un trastorno del desarrollo y no como culpa de los padres.
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El autismo es reconocido por primera vez como un diagnóstico propio dentro del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales.
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Se realizan estudios en genética y neurociencia que demuestran que el autismo es un trastorno del neurodesarrollo con base biológica y hereditaria.
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Se introducen distintas categorías: autismo infantil, síndrome de Asperger, trastorno generalizado del desarrollo no especificado (TGD-NE).
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Toma fuerza el movimiento que reconoce el autismo no solo como un trastorno, sino también como una forma diferente de funcionamiento neurológico.
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Se unifican todas las categorías anteriores bajo el término Trastorno del Espectro Autista (TEA), reconociendo distintos grados y manifestaciones.